La moda debería ser una forma de escapismo, no una forma de privación de libertad. Alexander McQueen

Cuando era niña e iba a cumplir años, lo que más me emocionaba era que iba a tener un vestido hecho especialmente para la ocasión y que yo podría escoger el color, las telas, el diseño. Tengo la fortuna de tener a una abuelita que uno de sus grandes talentos es confeccionar vestidos y me hacía muy feliz cada ocasión especial que yo ameritaba uno y ella lo hacía.

  Desde muy temprana edad, pude notar que el diseño y color de elección reflejaban mucho de quién soy y cómo quería mostrarme ante los demás. Un vestido que me hacía feliz, me daba alegría y estima, en cambio un vestido que no me gustaba me hacía sentir obligada y forzada, privada de mi libertad.Es bien sabido que nuestra personalidad, estado de ánimo y humor se reflejan en nuestra vestimenta (independientemente si tenemos mucha o poca ropa), inconscientemente elegimos prendas que nos transportan a algún momento, o las ligamos con cierta persona.

Conscientemente elegimos ropa en muchas ocasiones con la intención de agradar, encajar en una situación/lugar o dar cierto mensaje. Por ejemplo las personalidades públicas tienen que conjugar con estos factores todo el tiempo, y cada vestimenta es pensada y en muchos casos hasta pagada (fashion stylist). Pero me surge una pregunta muy interesante, y es: ¿puede cambiar nuestro concepto de moda y los beneficios que brinda a la personalidad?, es decir, socialmente ¿podríamos incorporar tendencias más benéficas para el planeta? Estoy hablando sobre la moda sustentable. Podría ser que si vamos incorporando la idea que vestir sustentablemente nos hace ser más empáticos, respetuosos y ¿por qué no? Personas más “cool”. Yo creo que a todas las preguntas anteriores la respuesta es que si. La moda ha ido cambiando conforme pasan los años, las tendencias se ajustan a necesidades sociales. Toda persona que gusta de la moda sabe que Coco Chanel no sólo normalizó sino que también puso el deseo en cada mujer de usar un pantalón. Cuando los grandes vestidos detallados de Dior tenían todo el peso en Europa en aquellas épocas, llegó Chanel a darnos otra versión de la mujer elegante, de la mujer que trabaja y quiere sentirse cómoda y estableció algo que llegó para quedarse. Así también creo que la moda en este siglo ha ido cambiando y seguirá cambiando para dar respuestas y soluciones a las demandas de la actualidad.

¿Y quién no diría que una de las grandes demandas es cuidar el planeta tierra?

Me parecería absurdo hoy en día haya alguien que considere que el deterioro ambiental de nuestro planeta no se debe en gran medida a nuestro consumo humano. Por supuesto no sólo radica en el vestir, sabemos también que radica en nuestra alimentación, consumo de plástico, petróleo, transporte, etc. Pero justamente creo los cambios deben empezar en medida de lo posible en cada una de las áreas. Y en el área del vestir es donde se me ocurre podríamos empezar a cambiar el discurso sobre el efecto que tiene la ropa nueva en nuestra personalidad o ánimo. No se trata de dejar de vestir bonito, o de no tener cosas nuevas, o de ya no tener ese vestido especial para el cumpleaños o la boda. Se trata de que nuestras compras sean más conscientes, pensadas, en que valoremos tanto a cada prenda que tengamos, que no nos sea viable deshacernos de ella después de un par de usadas y verla como algo desechable. Yo creo que es bastante lógico y posible darle mucho más peso a cada blusa, vestido o pantalón que tengamos; darles mucho más lugar y que formen parte de nosotras y hablen constantemente de nuestra personalidad. Podemos seguir vistiendo lindo, podemos seguir creando estilos a través de la ropa, pero podemos ir cambiando hábitos y también ir cambiando el discurso sobre las tendencias. La moda es un arte y yo creo que una clave de bienestar es vivir la vida creando, innovando, para nosotros mismos y para lo externo. Consumir de una manera más ética y congruente con nuestro momento de vida no limita para nada todo eso, al contrario, nos abre nuevos caminos y oportunidades.

¡Ojalá no nos tome mucho más tiempo entenderlo y aplicarlo!

     

Por Aleida Samara